Manteniendo el conocimiento de la ciencia indígena fuera de un molde colonial

This is an authorized translation of an Eos article. Esta es una traducción al español autorizada de un artículo de Eos.

This translation was made possible by a partnership with PlaneteandoEsta traducción fue posible gracias a una asociación con Planeteando. Traducción de Rebeca Lomelí @beka_L y Edición de Alejandra Ramírez de los Santos @alerasant

Un nuevo modelo de trabajo podría ayudar a los científicos a diseñar y facilitar la investigación que cumpla tanto los estándares de ética científica como los culturales, al trabajar con conocimiento indígena acerca del clima y el ambiente.

Miembros de las comunidades indígenas Cidra y Comerío caminan por el centro de Puerto Rico durante un estudio de investigación sobre el conocimiento climático indígena. Créditos: Rafael Andreu.

Por Kimberly M.S. Cartier 11 de diciembre 2019

Durante su investigación de doctorado, Dominique David-Chávez estudiaba el conocimiento indígena acerca del clima de su comunidad. A medida en que ella revisaba la literatura científica sobre del tema, notó un patrón perturbador.

“Independientemente del tipo de estudio que se haya realizado, sin importar si era acerca de indicadores ecológicos de los cambios estacionales o prácticas agrícolas, lo que más leía eran estudios similares en donde (científicos no indígenas) iban y documentaban ese conocimiento en una revista científica,” dijo David-Chávez, quien es una investigadora posdoctoral que trabaja junto con el Instituto de las Naciones Nativas de la Universidad de Arizona en Tucson y con la Universidad Estatal de Colorado en Fort Collins. Además, es miembro de la Comunidad Arawak Taíno.

“Fue muy difícil encontrar quién de la comunidad estuvo contribuyendo con ese conocimiento, cómo estos descubrimientos eran devueltos a esa comunidad, o qué preguntas y preocupaciones tuvo que enfrentar esa comunidad indígena en términos de la investigación,” dijo.

Este tipo de conocimiento extraído de las comunidades indígenas es uno de los muchos aspectos del colonialismo que afectan a la práctica moderna de investigación cuando se trata del conocimiento científico indígena.

“Me sentí preocupada por esa forma de hacer investigación. No lo encuentro respetable,” dijo David-Chávez. “De verdad tuve que buscar en otra parte para tratar de encontrar un modelo que estuviera alineado con mis valores culturales y los estándares científicos que necesitaba mantener en mi trabajo.”

David-Chávez y sus colaboradores desarrollaron y probaron en campo un modelo para guiar a los científicos en el cumplimiento de esos estándares. Con ese modelo como marco de trabajo, los investigadores, junto con los miembros de las comunidades rurales de Cidra y Comerío en el centro de Puerto Rico (Borikén), diseñaron y facilitaron un proyecto de investigación climática dirigido por jóvenes en 2016-2017.

“Realmente el modelo trata de ser intencional en todos los aspectos de la investigación durante cada etapa de esta, (comenzando con) la etapa de diseño e incluso antes de eso,” dijo. David-Chavez presentó este modelo en la Reunión de Otoño de la AGU, el 12 de Diciembre del 2019.

Colonialismo en la investigación científica y la educación

“Estamos realmente en un momento en el que hay un impulso para involucrar […] diversas perspectivas en las ciencias,” dijo David-Chávez. «Sin embargo, al hacerlo, no siempre entendemos o reconocemos el contexto histórico que ha inhibido ese tipo de participación, por ejemplo, en los Estados Unidos, durante los últimos cinco siglos».

Ese contexto, continuó diciendo, incluye una “historia de colonialismo, genocidio y opresión y asimilación en donde, por ejemplo, los sistemas de conocimiento que mantenían las comunidades, y las lenguas en donde esos sistemas de conocimiento existían, fueron algunas veces ilegales y a menudo oprimidos.”

David-Chavez recuerda muchos casos en los que los pueblos indígenas estaban preocupados acerca de cómo los científicos estaban usando el conocimiento de la comunidad, si los resultados de la investigación iban a ser devueltos a la comunidad o si no se les consultaba en absoluto durante esta.

“También escuché de líderes tribales, por ejemplo, que decían, ‘Sí fuimos consultados’, pero su versión de consulta era que se les enviaron una carta acerca de la investigación que estaban haciendo. Y eso fue todo,” dijo.

Más tarde, cuando la investigación es terminada y publicada, una mentalidad colonial a menudo determina cómo se enseña esa ciencia en las escuelas. Los estudiantes indígenas podrían aprender de los ancianos y los sabios sobre cómo sus comunidades resistieron fuertes huracanes y años de sequía en generaciones pasadas. Sin embargo, “si vas a las grandes ciudades como San Juan, Ponce, o Mayagüez, ellos no saben nada sobre eso porque no tienen la experiencia y esta información en la escuela,” dijo la coautora Norma Ortiz, miembro de la comunidad indígena Cidra, quien trabajó en el sistema educativo por más de 20 años.

“La Escuela no está tan interesada en enseñarnos esto. En este momento, en la escuela tenemos una clase que está enseñando sobre el cambio climático, pero nada acerca de ser sustentable. Por ser una isla, esto es necesario.”

“Una de las mayores amenazas para mantener el conocimiento indígena que se ha documentado, es esta brecha generacional y la influencia del sistema escolar colonial», dijo David-Chávez. «Así que ese es un aspecto realmente importante que está incluido en el modelo y fue algo en lo que nos centramos en nuestro estudio de investigación: asegurarnos de que los jóvenes tengan acceso a ese conocimiento».

Centrando la investigación en valores

Para diseñar su estudio climático dirigido por jóvenes, David-Chavez y Ortiz, primero acudieron a los ancianos y curanderos de la comunidad de Cidra y Comerío, quienes funcionaron como un grupo asesor comunitario.

Un grupo asesor comunitario en Cidra que co-diseñó el estudio del clima dirigido por jóvenes. Sus miembros identificaron qué resultados serían más valiosos para los jóvenes de su comunidad y se aseguraron de que el conocimiento compartido por los ancianos se aplicara de una manera que respetara su historia. Créditos: Dominique David-Chavez

“Al principio, identificamos personas en la comunidad que ya tenían un interés en involucrarse en un estudio como este y solamente hablamos con ellos informalmente,” dijo David-Chavez. “Les preguntamos específicamente qué conocimiento ambiental indígena creían que era el más importante que aprendieran los jóvenes y las futuras generaciones.”

“Mencionaron que querían que (los estudiantes) aprendieran sobre nuestra comprensión indígena de los ciclos estacionales para plantar y cosechar plantas indígenas, y especialmente plantas alimenticias indígenas. Terminamos teniendo ese como el objetivo y el tema de nuestro estudio”, dijo.

«Al cambiar la investigación para no solo enfocarse en metas y objetivos e impactos más amplios, sino para volver ese lenguaje uno de los valores centrales … los protocolos científicos y culturales se alinean entre sí durante todo el proceso», dijo David-Chávez.

Conocimiento indígena sobre la resiliencia climática

Luego, “fuimos a las escuelas, una en Cidra y otra en Comerío,” dijo Ortiz. “Tuvimos muchos estudiantes que querían participar, pero hicimos una selección aleatoria.” Después de iniciar a los alumnos en el tema del proyecto, continuó diciendo, “aprendieron a usar mucha de la tecnología que no saben utilizar como un (receptor) GPS y una grabadora de voz con la que entrevistaron a los ancianos,” documentando el conocimiento ambiental y observando conexiones con los conceptos científicos del clima.

Los ancianos y los sabios en Cidra y Comerío les dijeron a los investigadores que los jóvenes de sus comunidades necesitaban saber qué plantas de alimentos sostenían a las comunidades durante los huracanes pasados. Los estudiantes aprendieron sobre raíces nativas comestibles (izquierda) y documentaron sus hallazgos durante un campamento (derecha).
Créditos: Dominique David-Chávez.

Los ancianos “hablaron con nosotros acerca del conocimiento indígena (de) cómo sobrevivieron huracanes, sequías y lluvias,” agregó Ortiz.

Por ejemplo, “mi familia planta muchas plantas como la yautía,” dijo. (Yautía es un tipo de tubérculo almidonado). Los vientos huracanados podrían derribar los árboles frutales, «pero tenemos las raíces, y no importa qué tan fuerte sea el huracán. Las raíces siempre permanecen debajo del suelo, por lo que tenemos comida”.

Después del Huracán María en 2017, “el puerto de aquí de Puerto Rico no se usó dos semanas” dijo. “Entonces mucha gente no tenía nada para comer. Pero nosotros (en Cidra) estamos en el centro de la isla. Siempre tenemos plantas. Siempre tenemos agricultores, siempre tenemos alimentos, por lo que no sufrimos mucho.”

Al final del campamento, los estudiantes presentaron su investigación a los científicos el Instituto Internacional de Silvicultura Tropical en San Juan. Ortiz presentó los resultados de su programa de investigación juvenil en la Reunión de Otoño de la AGU del 2018.

Una responsabilidad para las generaciones futuras

Algunas veces el conocimiento de la ciencia indígena es sumamente estigmatizado en las escuelas, afirmó David-Chavez, y los estudiantes de las comunidades indígenas aprenderán sobre esto solo si lo encuentran en una revista científica en la universidad o más tarde. Participando activamente en el proyecto de investigación, los estudiantes aprendieron el conocimiento ambiental indígena de la fuente, en lugar de que fuera a través de una perspectiva colonial.

Norma Ortiz entrevista a un anciano en Cidra. Créditos: Dominique David-Chávez.

“Tuvimos una prueba previa y posterior como parte del estudio, en donde observamos el impacto que enseñar ciencia de esta manera tiene en en sus actitudes hacia la ciencia, llegando a verse potencialmente como científicos que participan en la ciencia”, dijo David-Chávez. «También observamos sus actitudes hacia el conocimiento indígena y el conocimiento de la ciencia en su comunidad y cómo valoraron eso, cómo lo vieron.”

Las fuentes revelaron que el interés de los estudiantes en la ciencias del clima y del ambiente, aumenta cuando se considera dentro de un contexto culturalmente relevante. “Uno de los resultados más impactantes que identificamos al principio de este estudio fue el renovado sentido de orgullo y valor hacia el conocimiento indígena por los investigadores jóvenes, sus familias, escuelas y miembros de la comunidad” escribieron David-Chávez y Ortiz en un blog acerca del estudio.

Los investigadores esperan que estudios de investigación intergeneracionales dirigidos por jóvenes (como este) se usen para cerrar la brecha generacional de conocimiento en otras comunidades indígenas. El equipo está elaborando un informe para el Departamento de Educación de Puerto Rico sobre el impacto de este tipo de aprendizaje en las escuelas y también está trabajando con un artista local en un calendario agrícola indígena para llevarlo a las comunidades.

“Tenemos una responsabilidad con la próxima generación [porque] tendrán que enfrentar los impactos climáticos. Necesitan todos los recursos que puedan tener”, dijo David-Chávez. «Y eso incluye el conocimiento indígena que la gente ha tenido sobre cómo adaptarse, cómo observar los indicadores de cambio estacional, qué alimentos crecerán bien y serán resistentes».

“Asegurarnos de que ellos tengan esos recursos también es parte de esa resiliencia”.

—Kimberly M. S. Cartier (@AstroKimCartier), Personal de escritura

Dominique David-Chávez y Norma Ortiz desean agradecer a los miembros de las comunidades indígenas Cidra y Comerío por sus contribuciones a esta investigación. La Reunión de Otoño de la AGU en 2019 se lleva a cabo en el territorio tradicional del pueblo Ohlone, y la tribu Muwekma Ohlone continúa viviendo en sus tierras tradicionales, que incluyen la actual ciudad de San Francisco.

Referencia: Cartier, K. M. S. (2019), Keeping indigenous science knowledge out of a colonial mold, Eos, 100, https://doi.org/10.1029/2019EO137505. Publicado en diciembre 2019.

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