El amor en los tiempos de crisis civilizatoria

[Imagen de portada por Otto Kim]

¿Recuerdas tu primer contacto con la Naturaleza? ¿Cuáles han sido tus momentos más significativos que has tenido con ésta? ¿Cómo te sentiste?

Cuando era pequeña me encantaba subir a la azotea de la casa de mi abuelo, ver los maravillosos colores del atardecer, sentir el viento, escuchar a los pájaros y acostarme hasta ver la llegada del cielo estrellado nocturno junto a mi perrita Mitzy. Esos momentos eran algo mágico para mi, porque cada atardecer era un diálogo de alegría, de esperanza y de consuelo (en los momentos difíciles). A pesar de que parecería que estos recuerdos no son importantes, en realidad tienen un gran significado con el vínculo innato que tenemos con la Naturaleza, que es el amor a la vida, mejor conocida como Biofilia.

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El cantar del atardecer

¿Qué es eso de la Biofilia?

La palabra Biofilia proviene de los vocablos griegos bio, que significa vida, y filia, que significa amor, por lo que su significado textual es amor a la vida o amor a lo vivo, un concepto que nos habla de la cercanía del ser humano con la Naturaleza.

Desde el punto de vista de la psicología y la filosofía humanista, tenemos el ejemplo del psicólogo alemán Erich Fromm (1900-1980), quién, después de estudiar por varios años el comportamiento humano y su modo de relacionarse con el mundo, describió el concepto de Biofilia en su libro El corazón del hombre (1964) como “una pasión por todo lo viviente”, es decir, el anhelo del ser humano por convivir con la Naturaleza, expresando su atracción a la vida, la bondad, la alegría y una tendencia al apoyo mutuo. 

Por otro lado, desde el campo de la biología y la ecología social, el término se popularizó gracias a Edward O. Wilson (1929-actual) y Stephen R. Kellert (1943-2016), con los libros Biofilia (1984) y La Hipótesis de la Biofilia (1995). En ellos, los autores  definen a la Biofilia como la afinidad innata por todo lo viviente, la necesidad de afiliarse con otras formas de vida, el sentido de conexión con la Naturaleza y la vinculación emocional con otros sistemas vivos, con el hábitat y con el entorno. Todo ello se examina desde la tendencia a centrarse en la vida y los procesos vitales como una necesidad de base biológica, como parte integral de nuestro desarrollo como individuos y como especie, dado que nuestro vínculo con la Naturaleza tiene un componente genético y evolutivo. Además, la hipótesis de la Biofilia de Wilson y Kellert dio la base a una nueva visión de la relación de las ciudades y el ser humano, identificando nuestras necesidades sociales, psicológicas y emocionales en un mundo urbanizado.

 

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Paisaje de lo cotidiano (Lidia Lapislázuli, 2019)

 

La Biofilia en las ciudades

La creación de las ciudades marcó un paso trascendental en la evolución de las sociedades, pero también cambió la forma de relacionarnos con la Naturaleza, fragmentando la vida con artefactos fijos de concreto. Ahora sólo se puede apreciar parte de ella desde los parques, jardines, el arbolado en las calles y avenidas, y en las zonas de algunas áreas naturales que quedaron atrapadas en la urbe; provocando que nuestra vida urbana se encamine donde la Naturaleza está ausente. Este alejamiento aumenta cada vez más en la sociedad actual, provocando la disminución del uso de los sentidos, problemas de atención, falta de espacios colectivos, enfermedades físicas y emocionales, y ocasionado un ambiente donde encontramos un “sociedad cansada” y/o “una tristeza urbana”.

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Waste land (Vik Muniz, 2005)

Sin embargo, ante esta situación ha surgido un fenómeno muy interesante, en el que las personas se están uniendo para trabajar juntas para renovar sus comunidades, restaurar sus espacios naturales y curarse a sí mismas después de vivir una crisis o desastre. Este fenómeno llamó la atención de dos investigadores de la Universidad de Cornell, Marianne Krasny y Keith Tidball, quienes se han dedicado a entender desde el campo de la Ecología Cívica cómo es que el amor a la Naturaleza y el apego al lugar pueden impulsar a recuperar espacios degradados o destruidos.

En nuestro caso, la Ciudad de México, presenta una diversidad de iniciativas que tratan de impulsar otra vida en la ciudad y recuperar el amor a la vida, a través de actividades de recreación al aire libre, observación de aves, recorridos a espacios naturales, actividades culturales con la naturaleza, entre otros.

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Foto: Jornada de limpieza en Río Magdalena, Ciudad de México (2018)

Una iniciativa es el Huerto Azcapo, cuya esencia se refleja en mi experiencia personal:

 No olvidaré aquella vez, cuando viví la pérdida de un ser muy querido, me quedé en casa varios días… pero una mañana decidí ir al lugar que se había vuelto mi refugio, el huerto. Mi amiga Rosa, al verme, me dio una pala y me dijo ‘Quien cuida la tierra, cuida su corazón’. Fue ahí donde empecé a cuidar las plantas del huerto con más sensibilidad, hasta ver que todo empezaba de nuevo a florecer. En ese momento comprendí que el huerto me compartía de su vida para no olvidar el amor a la vida”.

El Huerto Azcapo, es un huerto urbano que se convirtió un oasis de vida para quienes lo impulsaron desde hace tres años. En un inicio solo se tenía el objetivo de recuperar el terreno baldío para un huerto, pero en el proceso de limpieza y de ver crecer las primeras plantas, se dieron cuenta que no sólo estaban rescatando un pedazo de tierra, sino que también se estaban reconectando consigo mismos y con los demás. Así fueron cultivando esperanza, alegría y el amor de una vida mejor en conjunto, con acciones que van desde poner los pies desnudos en la tierra, sentir la tierra húmeda con las manos, cuidar las plantas, y ver llegar un colibrí en las mañanas, hasta compartir la cosecha o alimento juntos en una tarde en el huerto.

Como esta experiencia existen muchas otras más que promueven la Biofilia, mediante el desarrollo de actividades que generen espacios de encuentro, de mirar a lo vivo, sentir la ternura, la alegría y el amor a la vida de la ciudad.

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Foto: Construyendo Huerto Azcapo, Ciudad de México (2016)

Cultiva tu Biofilia

En conclusión, la Biofilia es parte esencial de nuestra vida porque manifiesta nuestro vínculo con la Naturaleza, un resultado de un proceso evolutivo de millones de años. Sobre nosotros actúa la misma fuerza vital a la que están sujetos las otras formas de vida. “Somos parte de la red de la vida”, como diría Wilson.

La Biofilia se puede vivir de distintas maneras. Por ello, si crees que no tienes desarrollada tu Biofilia, te comparto los siguientes tips biofílicos:

  • Práctica Gökotta: El Gökotta significa en sueco “despertarse temprano con el propósito de escuchar a los pájaros cantar”. Cada mañana al despertar, abre tu ventana o puerta, y contempla por un momento el cantar de los pájaros que se encuentren cerca de tu casa. Puede ser difícil con los sonidos de la ciudad, pero trata de buscar el lugar idóneo para hacerlo, verás que esto puede ser como una meditación antes de empezar tu rutina.
  • Abraza un árbol: Ve a un parque o espacio al aire libre, escoge un árbol (el que más te guste), quítate los zapatos, ponte frente a él y abrázalo con todas tus fuerzas por unos minutos (o el tiempo que requieras) ¡Déjate fluir!
  • Arte naturalista: Visita un lugar natural en el lugar en el que vives. Observa, siente y explora lo que habita en ese lugar. Una vez que hayas realizado ese ejercicio, trata de plasmar lo que vives o sientes a través del dibujo, pintura, fotografía, escritura o actividad corporal ¡Explora tus habilidades!
  • Inicia, Organiza y Comparte (El tip más importante): Júntate, ya sea con tu familia, vecinos y/o amigos, para organizar alguna actividad al aire libre; puede ser armar una jornada de limpieza ecológica, una caminata biocultural, o recuperar un espacio baldío. ¡En la colectividad se disfruta más!

Ante la crisis civilizatoria y ambiental, las soluciones se han encaminado a lo tecnológico; pero mi sugerencia va por otro lado: recupera el amor a la vida….¡Así que empieza a cultivar tu Biofilia! 

 

…y un tip final: Si tuviste algún recuerdo con la Naturaleza al leer esta nota, compártenos tu historia en un comentario, para recuperar nuestra memoria colectiva biofílica.

 

 

 

 

 

 

 

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