El cambio climático está intensificando las corrientes oceánicas del Ártico

This is an authorized translation of an Eos articleEsta es una traducción al español autorizada de un artículo de Eos.

Esta traducción fue posible gracias a una asociación con Planeteando. Traducción de Itzel Y. Moreno Ramírez y editado por Alejandra Ramírez de los Santos

El derretimiento del hielo significa que los fuertes vientos del Ártico están creando corrientes más energéticas en el Giro Beaufort.

Fig. 1 Iceberg flotando en el Océano Ártico. Unsplash/Annie Spratt

No es secreto que están ocurriendo grandes cambios en el Océano Ártico. Al aumentar la temperatura, alrededor de 2 millones de kilómetros cuadrados de hielo marino se han perdido.

Un estudio reciente liderado por investigadores del Jet Propulsion Laboratory de la NASA en Pasadena, California, han vislumbrado nuevos efectos de la pérdida del hielo en el giro de Beaufort.

En las últimas décadas, la región del Giro Beaufort ha rotado en sentido de las manecillas del reloj por el viento. Cuando el hielo cubre la superficie del océano, es más difícil para el viento empujar el agua del océano. Pero a medida que esta barrera protectora se derrite (y el hielo remanente se vuelve cada vez más delgado y móvil), el viento es capaz de infringir más energía sobre la rotación del Giro Beaufort.

Thomas Armitage, especialista en percepción remota de la zona polar en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA y autor principal del estudio, dijo: “el sistema de corrientes del Giro Beaufort, que se mueven en sentido de las manecillas del reloj, tiende a acaparar y retener el agua dulce en la superficie, haciendo del Giro Beaufort un gran reservorio de agua dulce…Desde la década de los noventa, el Giro Beaufort ha acumulado alrededor de 8 mil kilómetros cúbicos de agua dulce, que sería suficiente como para cubrir California con hasta 18 metros de agua”.

 Los torbellinos y la energía disipativa

En el hemisferio norte, cuando las corrientes oceánicas giran en el sentido de las manecillas del reloj, arrastran aguas superficiales hacia el centro de la corriente. Una vez que el nivel superficial de agua dulce –proveniente del hielo derretido, del curso del río y la precipitación– alcanza la mitad del giro, se ve forzado a descender. A medida que más agua dulce se mueve hacia el centro del giro, la interfaz entre la superficie de agua dulce y el agua salada profunda (llamada haloclina), debería obtener mayor profundidad.

Pero algo extraño está ocurriendo en el Giro Beaufort. Aunque el agua dulce está siendo llevada hacia el fondo, la haloclina no está descendiendo. Por lo tanto, otros procesos deben estar ocurriendo para ayudar a disipar el agua dulce, balanceando así la dotación de agua dulce que llega.

Gracias a la pérdida de hielo marino, los vientos han añadido energía extra al Giro Beaufort. Una manera en la que esta energía extra puede ser disipada es por medio de un mecanismo llamado “ice- ocean governor” o el regulador entre hielo-océano. Esto significa que el hielo y el mar que está de bajo, se mueven a distintas velocidades produciendo cierta resistencia que ayuda a disipar la energía extra que agrega el viento.

Pero los investigadores calculan que desde 2007, la energía disipada por el regulador entre hielo-océano ya no ha podido balancear la energía extra que añade el viento.

¿Entonces qué está pasando?

La respuesta es la actividad de unos torbellinos conocidos como “eddies”. Los científicos se dieron cuenta que ha habido un aumento en la actividad de los torbellinos, lo que podría aportar a las discrepancias tanto de la dotación extra de agua dulce, así como la disipación de la energía del giro.

Armitage dijo que este aumento en la actividad de los eddies tiene fuertes implicaciones para las condiciones en el Océano Ártico: “Mayor actividad de los torbellinos significaría mayor mezcla de las propiedades del agua como el calor, salinidad y nutrientes… El océano Ártico tiene suficiente agua caliente al fondo como para derretir muchas veces la cobertura de hielo, pero esta está aislada de la superficie por las frías aguas superficiales (que tienden a flotar). La intensificación del proceso de mezcla vertical de este calor podría dar lugar a un mayor derretimiento de la cobertura de hielo. Los cambios en el mezclado de los nutrientes tienen impactos potenciales en los sistemas biológicos, en términos de la cantidad de nutrientes disponibles cerca de la superficie y en la temporada del año.»

Mark Jonhson, profesor de oceanografía física de la Universidad de Alaska, quien no está involucrado en el estudio, dijo que los cambios en las corrientes del Océano Ártico pueden alterar el clima en otras partes del hemisferio norte. Por ejemplo, dijo que el agua fría fuera de la costa de Groenlandia se hunde y debe ser sustituida por agua más caliente de la superficie que viene del sur. Esta convección trae el agua caliente de latitudes medias al norte, calentando a Europa un par de grados.

Mejorar los modelos es necesario

Tanto Armitage como Johnson afirmaron que este estudio destaca la necesidad de modelos oceanográficos con mayor resolución. Muchos de los modelos actuales no son capaces de resolver elementos tales como los eddies, y debido a que estos juegan un papel importante en la dinámica del Giro Beaufort, los modelos de mayor resolución son necesarios para obtener una mayor precisión. Tener estos modelos más precisos del Océano Ártico — y saber cómo se verá afectado por el cambio climático— es muy importante para las futuras predicciones del clima global.

El estudio fue publicado en febrero en Nature Communications.

—Hannah Thomasy (@HannahThomasy), Freelance Science Writer

Cita: Thomasy, H. (2020), Climate change is intensifying Arctic Ocean currents, Eos, 101, https://doi.org/10.1029/2020EO140930. Publicado el 03 Marzo, 2020.

Deja un comentario