Cómo la muerte y el desastre acompañaron al auge del gas de lutita (shale gas) en los Apalaches

This is an authorized translation of an Eos article. Esta es una traducción al español autorizada de un artículo de Eos. Traducción de Ximena Rodríguez H. (@ximena_rhz) y Grecia Elizabeth Soto López (@GreciaLoso), edición de Raiza Pilatowsky Gruner (@raizapila)

En la última década, la fracturación hidráulica (también conocida como fracking) ha contribuido a la muerte de más de mil personas y a la emisión de más de mil toneladas americanas de dióxido de carbono en la cuenca de los Apalaches.

Por Ritoban Mukherjee |

El gas natural representa más de un tercio de la energía producida y consumida en los Estados Unidos. ¿Su principal atractivo? Una supuesta ventaja ecológica sobre el carbón y otros combustibles fósiles. Sin embargo, los efectos a corto y largo plazo de la fracturación hidráulica (fracking, un tipo de extracción de gas natural) en las comunidades locales nunca han sido realmente explorados por la comunidad científica.

Sin embargo, recientemente investigadores de la Universidad Carnegie Mellon, la Universidad de Princeton y la Universidad de Stanford publicaron un estudio exhaustivo sobre los impactos ambientales, sociales y económicos de la fracturación industrial en la cuenca de los Apalaches.

Los investigadores se centraron en tres factores: las muertes prematuras causadas por la contaminación atmosférica como resultado directo de las operaciones de perforación y fracturación hidráulica, el impacto a largo plazo en el clima regional y los empleos nuevos producidos por la expansión de la industria energética local. Esto es lo que encontraron.

Calidad del aire

Cada operación de fracking requiere un gran número de vehículos y máquinas de construcción. Estas máquinas, a su vez, contribuyen a la emisión de material particulado de 2.5 micrómetros o menos (PM2.5), diminutas partículas de polvo y contaminantes del aire que, al ser inhaladas, pueden desencadenar problemas respiratorios crónicos como el asma y la bronquitis.

«Estas emisiones provienen tanto de procesos previos (extracción) como procesos posteriores de consumo y uso final (combustión para obtener calor y energía)», dijo Nicholas Muller, coautor del estudio y profesor asociado de economía en Carnegie Mellon en Pittsburgh, Pensilvania. Según Muller, entre 1,200 y 4,600 personas murieron en los Apalaches como resultado de este tipo de contaminación del aire entre 2004 y 2016.

Clima

El material particulado no es la única amenaza a la calidad del aire que acompaña a la industria del fracking. Gases de efecto invernadero como el metano y el dióxido de carbono, así como gases tóxicos como el ozono y el benceno, son producidos regularmente por las actividades de fracking. Los gases de efecto invernadero, liberados en varias etapas de la producción y el consumo de energía, degradan la calidad del aire y contribuyen al calentamiento global.

El nuevo estudio calcula que la industria de gas natural en los Apalaches contribuyó con 1,502 millones de toneladas americanas de emisiones de dióxido de carbono en 2016 (aproximadamente 1,363 millones de toneladas métricas), más que las emisiones de carbono asociadas con la industria del carbón. Los investigadores sugieren que se necesitarían entre $12,000 millones y $94,000 millones de dólares para deshacer el daño que causó el fracking al clima mundial entre 2004 y 2016.

«Los hallazgos del estudio no refutan las afirmaciones de que el gas natural es un ‘combustible puente’ viable para llevar al mundo por un camino energético más sostenible», dijo Paul Ferraro de la Escuela de Negocios Carey de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland. Ferraro no participó en la nueva investigación.

Empleo

El estudio estima que el auge del gas de lutita contribuyó a crear empleo equivalente a 469,000 años de trabajo, lo que supuso ingresos totales de entre $8,000 millones y $33,000 millones de dólares en la región.

Estas cifras no sólo representan el impacto dentro del sector del gas natural, sino también sus efectos indirectos.

Una salida limpia

El estudio no se limita a analizar los costos sanitarios, climáticos y sociales del fracking. Al comparar el daño causado a la salud humana y el clima con el impacto positivo del sector del gas natural en la economía local, los investigadores calcularon un impuesto sobre la energía que, según dicen, puede ayudar a contener adecuadamente el crecimiento descontrolado de la industria.

En lugar de la tasa actual de $0.08 dólares por cada mil pies cúbicos (MCF), los coautores recomiendan aumentar el impuesto para la producción de energía con gas natural a $2 dólares por MCF. Los autores subrayan que tal impuesto tendría que considerarse sólo si hay políticas similares  en otras fuentes de energía, incluidas las renovables.

Muller también recomendó mantener las actividades de extracción lejos de los centros de población densos, así como reducir o capturar las emisiones por combustión en procesos posteriores como otras medidas necesarias para crear una industria energética más sostenible.

«El estudio hace un buen trabajo al destacar el grado en que el gas natural, como todos los combustibles fósiles, tiene un precio menor a su valor real»

«El estudio hace un buen trabajo al destacar el grado en que el gas natural, como todos los combustibles fósiles, tiene un precio menor a su valor real», dice Ferraro. «Los impuestos sobre la contaminación son la forma más rentable de reducir la contaminación y fomentar la innovación. Pero estos impuestos deben aplicarse a todas las fuentes de contaminación. Aplicarlos sólo al gas natural podría tener el efecto perverso de empeorar la contaminación si induce a los mercados a cambiar a fuentes de energía más sucias».

El estudio fue publicado en Nature Sustainability en diciembre de 2019.

Ritoban Mukherjee (@kosmodrone), Escritor de ciencia

9 de marzo de 2020: Este artículo fue actualizado para corregir la cantidad de emisiones de carbono en los Apalaches en 2016. 

Cita: Mukherjee, R. (2020), How death and disaster followed the shale gas boom in Appalachia, Eos, 101, https://doi.org/10.1029/2020EO140793. Published on 27 February 2020.
 
Texto © 2020. Los autores. CC BY-NC-ND 3.0

Imagen de portada: Anti-fracking banner at the Clean Energy March (Philadelphia, 2016) por Mark Dixon | CC BY 2.0