Descubrió el efecto invernadero hace más de 160 años, pero fue ignorada por ser mujer

Realizó todos los experimentos necesarios. Con 4 termómetros, 2 cilindros de vidrio, y una bomba de vacío, comparó la manera en la que la presencia de diferentes gases como vapor de agua y dióxido de carbono, aumentan la temperatura después de estar expuestos a radiación solar. Era 1856 tres años antes de que el físico irlandés John Tyndall publicara su icónica investigación detallando cómo diferentes gases tienen o no la capacidad de interceptar el calor que es irradiado en el espectro infrarrojo por cuerpos como el Sol o la Tierray Eunice Newton Foote acababa de dar los primeros pasos para entender cómo funciona el hoy tan conocido «efecto invernadero». 

Sin embargo, el nombre de Eunice Newton Foote (1819-1888), científica y climatóloga estadounidense, que además fue miembro y una de las organizadoras de la convención de Seneca Falls en 1848 (la primera convención sobre los derechos de las mujeres en Estados Unidos), no es uno de los que aparece en la mayoría de las historias que buscan explicar el camino seguido por la ciencia del cambio climático. ¿Qué fue lo que pasó?

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Figura 1. Recreación del experimento de Eunice Newton Foote en el cortometraje del 2018 «Eunice». Tomada de The New York Times

Como tantas otras historias de mujeres en la ciencia, a pesar de ser una pieza clave para el entendimiento de un concepto científico, la voz de Newton Foote no fue considerada lo suficientemente calificada como para pasar a ser parte del canon de los científicos climáticos, algo que sigue ocurriendo a pesar de haber sido reivindicada desde el 2011.

Originaria del estado de Connecticut en Estados Unidos, Eunice Newton asistió a una escuela solo para mujeres, en la que se impulsaba el interés por el conocimiento científico. Y a pesar de que no se sabe mucho más de su pasado educativo, queda claro que el gusanito de la ciencia picó a Newton Foote, quién una vez casada con su esposo Elisha Foote, se dedicó a realizar los experimentos descritos al inicio de esta historia.  

Pero el mundo no sabría de estos experimentos hasta 1856, cuando el matrimonio Foote-Newton presentó el trabajo de ambos en la Octava Reunión Anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, por sus siglas en inglés). Y a pesar de que para ese entonces ya se había avanzado en términos de la inclusión de mujeres blancas en esta asociación— las tres primeras mujeres habían sido aceptadas desde 1850: la astrónoma Maria Mitchell, la entomóloga Margaretta Morris, y la educadora Almira Hart Lincoln Phelpssu estructura seguía reflejando el contexto jerárquico de esa sociedad.

Figura 2. Retratos de Maria Mitchell y Margaretta Morris, respectivamente. Dominio público

Recordemos que para ese entonces todavía ni siquiera había ocurrido la Guerra Civil que concluiría con la esclavitud como una institución legitimizada por el estado, por lo que la inclusión de personas negras ni siquiera estaba en el horizonte de la AAAS; mientras que aquellas mujeres que lograban entrar a la AAAS sólo eran consideradas como miembros, mientras que los hombres podían obtener títulos más distinguidos como “Miembro Profesional” o “Socio”. 

Esta disparidad también impactó en las oportunidades que recibieron Elisha Foote y Eunice Newton durante la reunión: mientras que Elisha pudo publicar los resultados de sus experimentos sobre gases y leerlos ante una audiencia de sus pares, Eunice se tuvo que contentar con que su gran descubrimiento, titulado “Circumstances Affecting the Heat of Sun’s Rays” («Circunstancias que afectan el calor de los rayos solares»), fuera comunicado por el profesor Joseph Henry del Instituto Smithsonian. Además, debido a las políticas sesgadas de la AAAS sobre qué resultados podían ser publicados en las memorias de la reunión, el texto de Newton Foote quedó fuera de las publicaciones oficiales, a comparación de los demás trabajos presentados ese año.

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Figura 3. Artículo presentado por Eunice Newton Foote y leído por Joseph Henry en la 8va Reunión de la AAAS en 1856. Versión de la Revista Americana de Ciencia y Arte

A pesar de que su texto vio la luz por otros medios, por ejemplo, en una publicación en la Revista Americana de Ciencia y Arte de 1856 y el Anuario de Descubrimientos Científicos de 1860, publicado por David Ames Wells; no fue hasta el 2011 que Raymond P. Sorensendescrito de forma ecléctica como historiador, investigador independiente, editor de la revista de Historia de la Industria del Petróleo, recolector de manuales científicos, y «dueño de minerales«  leyó el Anuario de David Wells e inmediatamente publicó un artículo en el que describió la importancia de los descubrimientos de Newton Foote. 

Desde entonces, su trabajo se ha visto reconocido en un sinnúmero de artículos que llaman la atención a esta pieza perdida del rompecabezas de la historia de la ciencia climática. Pero aún hay quiénes siguen menospreciando el papel de Newton Foote en esta historia, clarificando que, aunque sus conclusiones fueron correctas, falló en distinguir entre la radiación visible y la radiación en forma de calor que interactúa con los gases de efecto invernadero. Sin embargo, presentar este fallo como un contrapeso a sus contribuciones sólo refleja la recepción desigual que hay ante mujeres en la ciencia, ya que a lo largo de la historia, tenemos muchos ejemplos donde un gran descubrimiento no siempre explicó o consideró todos los elementos necesarios para las teorías a las que estamos acostumbrados hoy en día.

Tomemos el caso de la teoría de la selección natural de Charles Darwin: en su momento, Darwin no presentó un mecanismo que explicara la herencia, y aún así sigue siendo recordado por la importancia de lo que sí pudo explicar. Considerando que la ciencia es un constante trabajo en construcción, el papel que desempeñó Newton Foote no debe de ser visto en términos de qué hizo bien o qué hizo mal teniendo como referencia lo que sabemos ahora, sino que debemos de reconocerla como una precursora del gran conocimiento que hoy en día nos permite entender los impactos que nuestras actividades generan en nuestro planeta. 

Así como Eunice Newton Foote, muchas mujeres han contribuido a la ciencia de manera significativa sin ser consideradas. Tal es el caso de Rosalind Franklin quien capturó imágenes de la molécula de ADN a través de rayos X, lo que contribuyó a que James Watson y Francis Crick descifraran la estructura del ADN. Otro ejemplo es la contribución de las afroamericanas Katherine Johnson, Dorothy Vaughan, y Mary Jackson, quienes ayudaron en el desarrollo ingenieril y la resolución de ecuaciones para crear la nave de la NASA que llevaría a John Glenn a la órbita de nuestro planeta en 1962. Igualmente, Eunice Newton Foote fue la primera mujer quien dio el primer paso para entender la interacción de los seres humanos con la atmósfera y ayudó a construir el camino de casi un siglo y medio de la ciencia climática. Eunice dejó una marca en la humanidad con sus actos liberadores y sus descubrimientos científicos.