A estas alturas del partido, el acceso al agua no tendría que ser negociable y debería ser un derecho humano incuestionable, como la ONU que según reconoció oficialmente el derecho humano al agua y al saneamiento en 2010. Pero en México, este recurso vital se ha convertido en el centro de disputas donde las comunidades pierden y las empresas ganan. El caso de las industrias de bebidas embotelladas en regiones con muchos recursos pero alta escasez es un claro ejemplo de cómo las políticas públicas privilegian la producción industrial sobre las necesidades de la población.
De acuerdo con datos de la organización sin fines de lucro Water Footprint Network, la industria de las bebidas embotelladas es la cuarta industria que más agua consume: producir medio litro de refresco requiere en promedio 170 litros de agua, incluyendo la producción de azúcar, envases y el propio líquido. Empresas como PepsiCo y Coca-Cola, líderes mundiales del sector, han enfrentado múltiples denuncias en países como India, Filipinas y México, donde sus plantas operan en regiones con fuerte escasez hídrica.
Aquí entra el caso de Coca-Cola FEMSA en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde el agua es un lujo que muchos hogares no siempre pueden disfrutar. Donde la fábrica instalada en la ciudad extrae alrededor de 1.3 millones de litros diarios de agua, mientras colonias cercanas apenas reciben el suministro cada tercer día. A esta desigualdad se suma un fenómeno alarmante: Chiapas es uno de los estados con mayor consumo de refresco del mundo, llegando a más de 2 litros diarios por persona en algunas comunidades, lo que ha disparado problemas de salud crónica.
De acuerdo con la organización Alianza por la Salud Alimentaria (2017), la presencia de estas plantas embotelladoras en Chiapas representa un claro caso de “acaparamiento hídrico” con respaldo gubernamental. Mientras las comunidades reclaman su derecho humano al agua, las concesiones otorgadas a la industria permanecen intocables. San Cristóbal se convierte así en un ejemplo de cómo el modelo de gestión del agua en México prioriza el negocio sobre la vida.
La experiencia de San Cristóbal nos deja una lección urgente: el agua no puede seguir tratándose como un recurso disponible para quien pague más, sino como un derecho humano que debe garantizarse primero a las personas y a los ecosistemas. Si no cuestionamos estas concesiones y exigimos transparencia en la gestión del agua, continuaremos normalizando que la sed se privatice y que el bienestar colectivo se subordine a las ganancias empresariales. Hoy más que nunca necesitamos defender el agua como lo que es: la base misma de la vida.
-Alianza por la Salud Alimentaria. (2017). Coca-Cola y el acaparamiento del agua en Chiapas. Alianza por la Salud Alimentaria. https://alianzasalud.org.mx
-Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAO). (2017). Water for sustainable food and agriculture: A report produced for the G20 Presidency of Germany. FAO. https://www.fao.org
-Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA). (2021). El agua en México: cifras y reflexiones. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. https://www.gob.mx/imta
-Water Footprint Network. (2010). The water footprint of food and beverage products. Water Footprint Network. https://waterfootprint.org
-Zafra, M. (2017, 8 de julio). El agua, más cara que la Coca-Cola en San Cristóbal de las Casas. El País. https://elpais.com
Foto de portada por Waldemar Brandt en Unsplash
