Los humedales son ecosistemas donde el agua regula la vida. Pueden presentarse como manglares, marismas, lagunas costeras, zonas de inundación temporal o incluso humedales urbanos como Xochimilco. En México cubren alrededor del 5% del territorio nacional, pero en las últimas décadas han perdido gran parte de su extensión por la presión humana: expansión urbana, agricultura intensiva, turismo descontrolado y contaminación. Este deterioro no solo implica la desaparición de aves migratorias, peces y anfibios, sino también la reducción de funciones esenciales como la recarga de acuíferos, la regulación de inundaciones, la purificación del agua y el almacenamiento de carbono. En otras palabras, al destruir los humedales, perdemos aliados vitales contra el cambio climático.
El funcionamiento de estos ecosistemas es sorprendente: actúan como esponjas naturales que almacenan el exceso de agua durante lluvias o desbordamientos, liberándola después de forma gradual y manteniendo el equilibrio de ríos y lagunas. Sus plantas y suelos retienen sedimentos y contaminantes, funcionando como filtros biológicos que mejoran la calidad del agua. Gracias a este proceso, los humedales no solo sostienen una gran biodiversidad, sino que también ofrecen beneficios directos a las comunidades humanas que dependen de ellos.

Más allá de su valor ecológico, los humedales han sido fundamentales para las culturas originarias, que los aprovecharon durante siglos como fuente de alimento, agua y materiales de construcción. Al mismo tiempo, son auténticos laboratorios para la ciencia: desde el estudio de migraciones de aves a escala continental hasta investigaciones sobre cómo las plantas acuáticas capturan carbono. Como advierte la Convención Ramsar, “los humedales constituyen un recurso de gran valor ecológico, económico, cultural, científico y recreativo, cuya pérdida sería irreparable” [1]. Por su parte, la CONABIO señala que su conservación es clave para garantizar la seguridad hídrica y alimentaria del país [2].
Cuidar los humedales no es solo proteger la biodiversidad: significa asegurar agua limpia, reducir riesgos de desastres y construir un futuro más resiliente frente al cambio climático. La pregunta es clara: ¿vamos a dejarlos desaparecer o aprenderemos, de una vez por todas, a vivir en armonía con ellos?
Datos del autor
Fernando Resendiz (fernandoadolfo@encit.unam.mx),Estudiante de Licenciatura en Ciencias de la Tierra
Referencias consultadas
1-Convención Ramsar (1971).Convención relativa a los Humedales de Importancia Internacional especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas. Ramsar, Irán.
2-CONABIO (2020). Humedales de México: importancia, amenazas y conservación. Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad.
Infografía elaborada por el autor:

