Del caño a tu plato ¿Karma ecológico?

Todos hemos escuchado acerca de la Ley del Karma, una creencia básica en doctrinas como el budismo que hace referencia a una especie de “justicia cósmica”. La palabra karma viene del sánscrito y significa “acción”, y dicta que nuestras acciones son causas que generaran ciertas circunstancias denominadas efectos.

La esencia del karma es que acciones malas nos traerán efectos negativos y viceversa. Comúnmente utilizamos el término cuando hablamos del modo en que se relacionan las personas, pero ¿qué hay del modo en el que nos relacionamos con la naturaleza?

winnie

Podemos pensar en el karma humano-naturaleza desde el contexto de las ciudades modernas, cuyo vínculo con lo natural se reduce a una visión de recursos para ser explotados, generando un desastre ecológico. En este texto, presentaré un ejemplo en el que la contaminación ambiental y sus efectos negativos se han vuelto la norma en nuestra vida cotidiana: la Ciudad de México.

En nuestro caso vivimos en una ciudad con una crisis del recurso hídrico que está al borde de ser una catástrofe: la creciente demanda de agua ha generado problemáticas que no se limitan únicamente al abasto, sino también a la distribución y su drenaje. Esta compleja situación amerita tener su propia entrada, por lo que por el momento me limitaré a mencionar la indiscriminada contaminación de este vital líquido.

Agua pasa por mi casa…

Para darnos una idea del agua que consumimos, imaginemos que el Estadio Azteca es una alberca enorme. Pues nuestra ciudad necesita tres albercas diarias de agua para cubrir nuestras necesidades. De este modo podemos lavar nuestros trastos, la ropa, bañarnos o jalar la palanca del inodoro, pero ¿te has preguntado a dónde van a parar nuestros desperdicios?

Es común escuchar entre ingenieros y arquitectos la siguiente frase: “qué bueno que los mexicanos no diseñaron Paris, ¡hubieran entubado el río Sena!”. Y justamente esa es la primera parada: nuestro drenaje profundo, un colosal sistema de túneles por debajo de la ciudad que nos recuerdan al reino de Moria del Señor de los Anillos, con una profundidad que llega hasta los 200 m, suficiente para enterrar la Torre Mayor.

drenaje

Por increíble que parezca esta obra de ingeniería, es triste decir que la antigua ciudad de los lagos ahora es la ciudad de las tuberías, y por ellas viajan tanto las aguas negras como las pluviales. ¿Puedes imaginar que otros objetos viajan a través de esta inmensa red? De acuerdo al único buzo de drenaje que existe en México (y en el mundo), Julio César Cu, en las aguas negras de nuestra ciudad podemos encontrar todo tipo de basura y objetos: desde clavos, latas, vidrio y madera, hasta llantas, colchones y electrodomésticos como refrigeradores, estufas y microondas; también se han hallado carros completos, además de cuerpos sin vida, tanto de animales como de personas.

A todo lo anterior hay que agregarle las descargas provenientes de hospitales, rastros y fábricas. El resultado es una nata hedionda e incesante que recorre las entrañas de la ciudad con rumbo al río Tula, Hidalgo. Lo que en algún momento fue fuente de vida para los toltecas se ha convertido en un cauce de muerte, sobre todo el corredor industrial Tula-Tepeji-Apaxco.

En Hidalgo está presente una de las plantas de tratamiento de aguas residuales más grandes del mundo, pero resulta insuficiente pues ni siquiera opera al 100% de su capacidad. De este modo, las aguas negras, o no tratadas, se almacenan en presas como la de Endhó, mejor conocida como la “cloaca más grande del mundo”. La masiva cantidad de aguas contaminadas ha ocasionado un desastre ecológico en la región, las personas están condenadas a la miseria debido a la contaminación, el hedor y las enfermedades.

presaEndho

La otra cara de la moneda

Pero las aguas negras también son consideradas como un tesoro para aquellos agricultores que ven en ellas una fuente alta en nutrientes. Alfalfa, cebada, avena, maíz, trigo y demás hortalizas son regadas en el Valle del Mezquital, integrado por más de 20 municipios que se disputan la disponibilidad de las aguas negras de nuestra ciudad.

valle del mexquital

Hasta ahora todo lo que te he contado entraría dentro de las causas o acciones negativas del karma, pero es el momento de ver cuáles son sus efectos. Esta relación tóxica que tiene nuestra ciudad con Hidalgo ha generado un círculo vicioso de contaminación: nosotros les enviamos nuestras aguas negras y ellos nos regresan la contaminación en nuestros alimentos.

Así es, muchos de los cultivos del Valle del Mezquital terminan en la central de abastos, y los más peligrosos son aquellos que crecen al ras del suelo, como la coliflor, la lechuga, el brócoli y temo decirte, que hasta el cilantro de tus amados taquitos al pastor. Muy probablemente el agua que utilizaste para lavarte las manos antes de comer, regrese a tu mesa en forma de tu vegetal favorito, algo así como un deja vú.

Para nosotros se ha vuelto tan normal jalar la tasa del retrete sin preguntarnos a dónde va ni lo que genera, como se ha vuelto tan común ponerle lechuga a nuestra hamburguesa sin pensar de dónde viene ni lo que representa.

hamburguesa

¿Quién es el culpable?

Tal vez en este punto quieras empezar a apuntar el dedo y señalar a los culpables de este karma gastronómico. Podríamos pensar, al puro estilo de Thanos, que la culpa reside en el  número de personas en las ciudades que lleva al límite las capacidades del medio ambiente. Pero ¿quiénes son los que consumen las tres albercas diarias? En el Valle de México, las cuatro industrias que más consumen agua potable son la refresquera, la cervecera, la fabricación de papel y la elaboración de maíz.

A partir de aquí la cosa se pone más tensa… o complicada. Ya sin Thanos la solución no es tan simple como bajarle a las chelas los fines de semana, al parecer nuestro malthusiano villano cósmico desconocía la complejidad de la crisis urbana actual, la cual no es tan sencilla como decir que somos muchos, ni depende solamente de nuestro consumo o de los procesos industriales.

Sinceramente nuestra ciudad sobresale por su urbanización caprichosa, expansiva y hasta anárquica, generándose un mal manejo del territorio y un crecimiento exponencial y desordenado, cuyos orígenes pueden ligarse incluso al capitalismo. Además, está dinámica es potencializada por la imperante corrupción de las autoridades, las cuales modifican las leyes para favorecer a la mafia del sector inmobiliario.

Todo lo anterior deteriora nuestra calidad de vida y violenta nuestros derechos humanos, tanto de los habitantes de la ciudad como de las comunidades cercanas. Como el caso de los agricultores de Hidalgo, que son víctimas de la demanda del mercado alimentario y del poco interés de nuestros gobernantes en resolver el problema del agua, ignorándolo o minimizándolo; lo que los deja sin alternativas.

Al final de cuentas, lo que está detrás del “karma” son los valores imperantes del capital comercial, el mercado y la corrupción. Lo que ha favorecido el deterioro ambiental de las ciudades, generando contaminación, falta de justicia ambiental, segregación social, pobreza, etc. Factores que retroalimentan el problema.

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La finalidad de este texto no era decirte que desinfectaras las frutas y verduras de tu ensalada, más bien buscaba darte un pequeño panorama de la conexión que existe ente los sistemas ambiental, social y económico. Todos ellos dependientes entre sí, por lo que la perturbación de uno de ellos repercutirá en los otros.

Del equilibrio que logremos entre estos tres sistemas dependerá que tengamos ciudades más limpias, justas, seguras, resilientes y sostenibles. Y de que no tengamos miedo de pedir nuestros tacos “con todo”.

P.D. Comenta si quieres saber más de las cosas indebidas que te llevas a la boca (sin albur), como opciones están los agrotóxicos vetados en países de “primer mundo” pero que venden a países en desarrollo, y la nueva dieta de microplásticos que nos echamos en nuestro caldo de camarón.

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